OPINION
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Alternativas a un costoso subsidio en Colombia

   Los colombianos vivimos renegando que el país tenga recursos petroleros y que los precios de la gasolina y el diesel estén por encima de los de Ecuador y Venezuela.

   En Colombia, en años anteriores, el valor de los combustibles se reajustaba anualmente, en muchos casos por debajo de la inflación. Esto llevó a que el Gobierno Nacional tuviera que presupuestar recursos inmensos para subsidiar el costo de los combustibles. Entre los años 2004 y el 2012 se utilizaron 21.3 billones de pesos (US$ 11.2 millones) en ese propósito. Para contrarrestar este desangre, el precio interno de los combustibles hoy está atado al precio internacional del petróleo. Esto ha llevado a que su costo suba al mismo ritmo que lo hace el precio internacional. Mientras que en 1999 un barril de petróleo costaba alrededor de 20 dólares, hoy ese mismo barril cuesta más de 100 dólares.

   Uno se pregunta si los precios deben congelarse o reducirse para permitir que los colombianos tengan combustibles a más bajo costo. Y si este es el caso, ¿con qué recursos debe subsidiarse el precio? ¿Debemos hacerlo con recursos de las utilidades de Ecopetrol, que hoy son transferidas al Ministerio de Hacienda? ¿O debemos reducir los impuestos que hoy tienen los combustibles, que representan el 28% de su valor? Esta decisión afectaría a los colombianos más pobres, que dependen del Presupuesto Nacional en sus programas de educación, salud, entre otros, y los presupuestos de mantenimiento vial de los municipios.

   ¿Qué otra alternativa tenemos? El país tiene gas natural. El precio de este combustible, sin subsidios estatales, está muy por debajo del costo del diésel o la gasolina. Colombia cuenta con reservas de gas natural a 14 años. Cerca de 250.000 vehículos lo utilizan y se ahorran cerca del 50% en el costo del combustible. La cadena del gas natural se ha encargado de impulsar las conversiones subsidiando hasta el 50% de su valor. Anualmente, cerca de 40.000 vehículos empiezan a utilizar el gas vehicular. Hoy hay más de 600 estaciones de servicio que venden gas natural, en todas las regiones del país.

   En Europa y Estados Unidos las grandes flotas de camiones y buses han empezado a utilizar motores dedicados a gas. En Colombia, el sistema de transporte masivo de Medellín, Metroplús, hoy utiliza vehículos articulados y padrones, con motores dedicados a gas (diseñados desde su origen para operar con este combustible).

   Se ha argumentado que los carros pierden fuerza. No hay nada más falso. No es sino observar los buses articulados que suben las laderas de Medellín. Esta decisión ha representado ahorros mensuales en combustibles del orden de 8.500.000 pesos (US$ 4.488) mensuales por cada bus. Los beneficios ambientales son enormes. Las emisiones de partículas contaminantes en vehículos dedicados a gas pueden llegar a ser diez veces menores que para los motores diésel, incluso suponiendo que estos últimos operan con ACPM de calidad internacional y cuentan con sistemas de control de emisiones. Estos beneficios se reflejan en mejores índices de salud.

   Cartagena acaba de tomar la misma decisión de Medellín. El sistema de transporte masivo de esta ciudad, Transcaribe, utilizará buses con motores dedicados a gas.

   Me pregunto: ¿por qué el Gobierno Nacional no recoge estas experiencias y promueve activamente una política de sustitución de combustibles líquidos por gas? Esto reduciría el permanente roce entre el Gobierno y los transportadores y aliviaría los costos de operación del transporte en el país.

              

Por Eduardo Pizano, Presidente de la Asociación Colombiana de Gas Natural (Naturgás).

El Tiempo.com

28 de Septiembre del 2013

     
 









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